Supongo que antes de hacer diana, más de una llamada dio apoyo económico a los señores propietarios de compañías telefónicas diversas: llamadas que iban a parar a los padres, a otros amigos o amigas, a hermanos… el caso es que, al final, Núria y Gemma -un aplauso desde el fondo del corazón para ellas- lo consiguieron y fuimos convocadas a una cena de ex-alumnas de la escuela.
Más de veinte años no es moco de pavo. Yo siempre había dicho que estos encuentros eran una excusa para soltar el morbo y ver si la proporción de arrugas acumulada gana a la de los michelines, o a la inversa.
Pues me equivocaba y me retracto públicamente. Desde el instante en que nos empezamos a cruzar correos de convocatoria y fotografías actualizadas, vi un grado de ilusión y afecto que me sorprendió tanto como me animó. Y el viernes por la noche allí estábamos, casi cuarenta chicas de casi cuarenta años -algunas ya los tenían- que nos mirábamos, nos abrazábamos y reíamos como las niñas que hacía tiempo habíamos dejado de ser.
¿O quizás no? Entre preguntas y reflexiones sobre la vida, entre fotografías de nuestros niños y maridos, yo no podía dejar de sentirme como si no hubiera pasado el tiempo. De pronto, en una travesura inocente, habíamos puesto los pupitres en hilera y estábamos charlando, quizá esperando que llegara alguna profesora, quizá en una hora de recreo inesperada, como la de gimnasia cuando tocaba en el patio y llovía. Betti igual de cariñosa, Sílvia igual de alegre, Anna C tan responsable como Anna B extrovertida, Susana que continuaba explicando las cosas con aquella gracia tan personal, Esther, con quien tal vez compartí más momentos de los que volveré a compartir jamás con ninguna amiga …
Maestras, farmacéuticas, empleadas de banca, administrativas, una conductora de Metro… Muchas han tenido hijos: dos, tres… las veía sanas, felices, la hostia de guapas, y me sentía llena de orgullo de mi generación.
“Ten” -me dijo Gemma acercándome un papel- “me tienes que hacer un dibujo. Lo que sea … una niña.” Le hice, rápida y nerviosamente, el dibujo que he colgado: una estudiante de 40 años, con su “yo-yo” y el uniforme pero medias de rejilla, moño y zapatos de tacón.
Me tenían bien controlada: se acordaban de mis buenas notas y, a pesar de todo, de mi tendencia a hacer grupito con las más gamberras e inquietas, de cómo me gustaba leer, escribir y dibujar.
Y a mí la noche del viernes me ha cambiado los recuerdos, como cuando se cambia el telón de fondo de un escenario. Nunca más podré pensar en ellas tal como estaban cuando íbamos a la escuela. Las veré como el tiempo las ha hecho ser, más de veinte años después, y no podré evitar una emoción que sólo puede entender quien haya vivido alguna cosa parecida… y también todas ellas, claro. Las Escolapias del 69.

≡ Categoría: Lifetime | ≅ Deja tu comentario
¿Quieres que te avisemos cuando se publique un nuevo post?
¿Quieres estar en contacto a través de un lector de RSS?
RSS de los posts |
RSS de los comentarios
¿Quieres consultar algo? Búscalo desde aquí mismo:

Un regalo de una mujer especial: Cèlia, del blog "Transparència", en un dia especial: la Diada de Catalunya de 2008.
Regalo de Navidad 2008:
Maravillosas imagen y palabras de Carme Rosanas, del blog "Col·lecció de moments".
Premio Symbelmine:
Un regalo mágico de Cèlia, del blog "Transparència".





















