Podria decir que se acercaba Sant Jordi y que la presión mediática era considerable, pero no es excusa. La verdad es que Mi vida sin mí, de Isabel Coixet, me gustó. Consideré que su pátina melodramática no acababa de convertirla en infumable. Tiene ratos tristes y alegres, tiernos y crudos. Como la vida que tenemos y la que se nos escapa. Por eso leí los comentarios sobre su nueva película, Elegía. Lo que más miedo me dio fue la protagonista (ya habrá tiempo para hablar de la expresividad de Pe), y lo que más me interesó fue que estuviera basada en una novela de Philip Roth. No he leído nada de él y me pareció un buen momento para empezar, sobre todo porque la novela en cuestión, El animal moribundo, recibía en general opiniones muy favorables. No sabía cuál era el título en inglés.
No sé si veré la película, pero indiscutiblemente quería leer el libro. Y entré en un centro comercial del que sólo puedo decir que Faltan Nuevos Asistentes Competentes. Ya podéis imaginarme babeando entre tanta letra impresa. Después de comprar un libro bastante bonito sobre caballos para hacer un regalo, me dirigí al mostrador donde atendía un jovencito. Supongo que estaría muy orgulloso de su pelo moreno y ensortijado, porque con la cabeza agachada era lo único que se le veía.
Claro que también puede ser que los bajos de los mostradores de esa tienda sean fascinantes. Ya os lo diré si alguna vez trabajo allí. El caso es que con voz clara e inteligible le solté:
“Por favor, estoy buscando la novela de Philip Roth en la que se ha basado la última película de Isabel…”
No me dejó terminar. Con una habilidad increíble y sin apenas moverse de su sitio -y con la cabeza gacha, por supuesto- tendió un brazo hacia la estantería que tenía al lado (¿tendría brazos extensibles?) y me puso en las narices una novela de Roth que traducida al castellano se titulaba Elegy (sí, en inglés). Me fijé en la primera página para ver el título original: Everyman.
El muchachito continuaba evaluando la limpieza del suelo.
- “Ehem!” -Intenté llamar su atención tímidamente.- “Bueno, es que yo tengo entendido que se llama El animal moribundo“.
- “Es ésta.”
- “¿Seguro? Es que me extraña que le hayan cambiado el nombre a la novela. De hecho, Elegía és la película, pero la novela no…”
- “Es ésta.” Esta vez levantó la cabeza porque era la única forma de que yo viera la caída de ojos que me dedicó, mezcla de suficiencia y cansancio.
Sentí la tentación de preguntarle cuál era la peor tienda del mundo, a ver si también respondía “Es ésta”, pero no lo hice. Me llevé el libro tomándolo entre el pulgar y el índice, como agarramos las cosas que nos dan un cierto repelús, pensando que me habían tomado el pelo. Pero estaba claro que aquel joven no daba más de sí.
Antes de hacer el primo por completo (aunque ya estaba cerca de la caja, que conste) volví a subir a la planta de libros y busqué a alguien que pareciera más enterado del tema o, al menos, más caritativo. Una chica muy amable me confirmó que el que tenía en mis manos no era el libro que buscaba.
Renovada la confianza en mí misma, salí a la calle y entré en otra tienda donde los libros siempre son la mar de felices. Increíblemente, querían colarme la misma novela.
Necesitaba aire. Aquello era una conspiración. Cedí un poco de espacio a la duda y cuando llegué a casa me pegué al monitor y a Internet. Allí encontré, naturalmente, la bibliografia de Roth. Aquí tenéis el enlace por si queréis, yo destacaré lo que nos ocupa:
The Dying Animal (2001)
Everyman (2006)
Supongo que la novela que busco está agotada. Si algunos tenéis la misma intención que yo, no os dejéis engañar. Esperad que deje de hablarse de la película. Yo lo haré. Y cuando me haya leído el libro os diré qué me ha parecido. Puede que termine pensando que no vale el esfuerzo que me habrá costado encontrarlo.
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Un regalo de una mujer especial: Cèlia, del blog "Transparència", en un dia especial: la Diada de Catalunya de 2008.
Regalo de Navidad 2008:
Maravillosas imagen y palabras de Carme Rosanas, del blog "Col·lecció de moments".
Premio Symbelmine:
Un regalo mágico de Cèlia, del blog "Transparència".






Primero: los libros de autoayuda me dan urticaria. Estoy segura de que hay gloriosas y divertidas excepciones, pero ni se me ocurre ninguna ni es el momento de pensar en ellas. No me parece mal reflexionar sobre las grandes cuestiones de la existencia; yo misma lo hago a menudo, y plantearse por qué hacemos algunas cosas tiene su aquél, igual que cambiarlas por el simple gusto de hacerlo o porque de pronto descubrimos en el cambio un encanto especial. Lo que da miedo es la facilidad que tiene la gente para decirnos cómo debemos actuar y por qué. Y lo peor es que todo el mundo se atreve a hacerlo. Te dirán que es inconcebible que no te guste llevar tanga o que tienes que mirar los documentales de la 2, y no se detendrán a considerar si lo intolerable no será que intenten imponerte opiniones y actitudes.

Me apunté en la segunda edición y ya tenía ganas de que llegara la tercera. El
La primera vez que vi este libro me llamó la atención pero no lo compré. Y a la segunda cayó. Una gran compra, lo reconozco. Y una mejor lectura. No nos engañemos: los que busquen en él florituras del tipo