Hola a todos, amigos y amigas. Como ya sabéis de sobra (y si no, vosotros os lo perdéis) soy Whity. Laura tenía pensado hacer una sección de gastronomía y me ofrecí a presentarla porque pienso que soy la que da la imagen más apropiada, ya que demuestro que se puede comer tanto como se quiera y mantener una figura espectacular.
Laura me a correjido la ortografia porke sino saldria asi i ella dice ke no sentiende nada i ke no ay manera de ke los acoplados aprendan ha escrivir en condiciones. Enfin, ella ke es mui maniatica. Io le dejo azer porke me cuida i me da pasteles.
Todos los platos que irán saliendo en el blog los ha hecho Laura en casa y han salido bien. Como le gustan los pasteles empezaremos con uno que tuvo mucho éxito. Es un postre especial para golosos y también para personas que desarrollan mucha actividad y tienen que estar bien alimentadas, como por ejemplo los taxistas.
Brownie de chocolate
Aquí tenéis todos los ingredientes (yo sólo salgo en la foto, no soy un ingrediente). Os pongo debajo cuáles son, no os vayáis a hacer un lío y acabéis comprando boniatos y espárragos.
Con estas medidas se pueden alimentar de seis a ocho personas, depende del hambre que tengan. Para acoplados sería la medida individual.

Ingredientes (de izquierda a derecha y de detrás a delante):
85 grs. de nueces troceadas
1 cucharadita de azúcar “avainillado”
300 grs. de azúcar
140 grs. de harina
150 grs. de chocolate negro
170 grs. de mantequilla en trozos
sal
4 huevos pequeños o medianos (o 3 grandes)
Com podéis ver, es un postre light, adecuado para todo tipo de regímenes. A mí me gustan mucho las cosas light.
Laura utiliza un molde de unos 27 cm. de diámetro. Aquí me veis dentro para que os hagáis una idea del tamaño del molde y también para que veáis que tengo el culito pequeño como una ciruela claudia.

Antes de empezar, graduad el horno a 180º con los fuegos encendidos de arriba y de abajo.
Primero hay que fundir el chocolate con la mantequilla. Queda muy bueno, pero no metáis la lengua porque os la achicharraréis. En realidad, más vale que pongáis el chocolate en el bol que utilizaréis para trabajar y la dejéis enfriar unos cinco minutos. Podéis aprovechar para ir al lavabo, rezar algún Padrenuestro para que el pastel os salga bien o dar de comer a algún acoplado, si lo tenéis, que siempre lo agradecemos.
Pasados los cinco minutos, ya podéis añadir la cucharadita de azúcar con sabor a vainilla, la pizca de sal y el azúcar normal.

Recordad que la sal tiene que ser sólo una pizquita. Si os pasáis, ya os digo ahora que los Padrenuestros de antes no os servirán de nada.
Después hay que verter los huevos de uno en uno (esto debe ser lo que llaman “echarle huevos”). Es muy importante abrirlos antes y tener en cuenta que al bol va lo de dentro del huevo; la cáscara se tira o se utiliza para manualidades.

Entre huevo y huevo podéis remover la pasta para que se mezcle todo bien, pero no creáis que estáis haciendo huevos revueltos, eso es otra cosa. Esto es un pastelito.
La harina se tiene que añadir poquito a poco y con cuidado, como yo hago aquí.

¡Ya estamos! Ahora tenemos que acabar de mezclarlo perfectamente, porque queda bastante espeso. Hacerlo con una espátula de madera no es muy recomendable, porque si lo hacéis así:

No quedará bien la pasta. Y si lo queréis hacer más rápido:

Os pasará como a mí, que acabo mareada y una hora después de terminar el pastel todavía me estoy moviendo, por inercia.
Laura utiliza el minipimer, que es lo mejor. Esto es un minipimer:

Yo no lo puedo utilizar porque pesa mucho y trepida demasiado, el algodón acrílico no ofrece suficiente resistencia y yo me caería al suelo con el “repris”. Como vosotros sois humanos, lo podréis utilizar y os quedará una pasta estupenda.
Para acabar, ya podéis añadir las nueces. Si los trozos son demasiados grandes, las podéis romper un poco más. Yo no lo hago porque no tengo dedos, Laura sí.

Sólo queda untar el molde con bastante mantequilla, como si el molde fuera un papel pintado y la mantequilla fuera la goma de borrar. Dejadlo bien embadurnado.
Ya podéis ponerlo en el horno y esperar unos 40 minutos. Los hornos son muy temperamentales y todo dependerá de la fuerza que tenga el vuestro, claro está. Con respecto al tiempo va muy bien tener un relojito de esos con forma de zanahoria, de tomate o de lo que sea para hacerlo sonar al cabo de los minutos que se quiera. Eso último no es obligatorio, pero a la gente se le queda una cara muy fea cuando después del trabajo se les quema el pastel.

Como podéis ver, el aspecto final es imponente; el sabor también. En casa se sirve con chocolate caliente por encima, para reforzar el efecto light.
Y con esto termina la receta de hoy. La próxima vez espero que Laura me proporcione un delantal y un gorro de cocinera. No tiene sentido que Arguiñano tenga y yo no. Al fin y al cabo, yo soy más guapa … y tengo más pelo!
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